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12 de octubre de 1960: el día en que un zapato retumbó en la ONU

12 de octubre de 1960: el día en que un zapato retumbó en la ONU

12. 10. 2026

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El 12 de octubre de 1960 quedó grabado en la historia de la diplomacia internacional con una escena sin precedentes. La Asamblea General de las Naciones Unidas se convirtió entonces en una arena de la Guerra Fría, donde no solo chocaron opiniones políticas, sino también temperamentos personales y el simbolismo de la fuerza bruta. El líder soviético Nikita Jruschov ofreció al mundo uno de los estallidos de ira más famosos –y aún hoy más debatidos– de la historia de las negociaciones internacionales.

El suceso, que pasó a conocerse como «el incidente del zapato», se convirtió en un icono de la Guerra Fría. Tanto si ocurrió exactamente como lo cuentan las leyendas como si fue un gesto teatral algo exagerado, una cosa es segura: durante un momento, el mundo contuvo la respiración ante lo que sucedía en la sala de la ONU.

Contexto: el ambiente crispado de 1960

1960 fue uno de los años más tensos de la Guerra Fría. En mayo fracasó la cumbre de las grandes potencias en París después de que un avión espía estadounidense U-2 fuera derribado sobre la Unión Soviética. Las relaciones entre Washington y Moscú quedaron congeladas. A ello se sumaba la crisis de Berlín y la tensión creciente en muchos países del bloque del Este.

Fue en este ambiente cuando se reunió en Nueva York la Asamblea General de la ONU. Jruschov llegó con un objetivo ambicioso: impulsar las propuestas soviéticas de desarme total y, al mismo tiempo, atacar duramente a las potencias occidentales. Traía consigo no solo un programa político, sino también la fama de un hombre que no temía usar las emociones como herramienta política.

El delegado filipino y su dura crítica

La chispa fue el discurso del delegado filipino Lorenzo Sumulong, que criticó duramente el imperialismo soviético en Europa del Este. Recordó que la Unión Soviética había aplastado el levantamiento de Hungría en 1956 y comparó la política soviética con el comportamiento de las potencias coloniales. Para Jruschov se trataba de un ataque directo a su país y a su prestigio personal.

Además, el delegado filipino acusó a los soviéticos de hipocresía: por un lado hablaban de la libertad de los pueblos y, por otro, mantenían sometidos a los Estados del bloque del Este. Estas palabras resonaron en la sala de la ONU y desataron una tormenta de indignación en el lado soviético.

La reacción de Jruschov: puñetazos, gritos y un zapato

Jruschov empezó protestando a voz en grito. Según testigos presenciales, golpeaba su pupitre con los puños, gritaba e intentaba interrumpir al delegado filipino. El presidente de la sesión trató en vano de calmarlo. Pero el líder soviético no tenía intención de ceder.

Y entonces llegó el momento que pasó a la leyenda. Según la versión más extendida, Jruschov se quitó el zapato y empezó a golpear la mesa con él de forma frenética. Otras versiones afirman que ya tenía el zapato sobre la mesa y que solo lo golpeó contra el pupitre para mostrar su indignación. Fuera como fuese, la imagen del líder soviético con un zapato en la mano se convirtió en uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría.

«Jruschov se quitó el zapato y golpeó la mesa con él con tanta fuerza que se oyó en toda la sala», recordó uno de los periodistas presentes.

¿Qué ocurrió realmente? Contradicciones históricas

Pese a la fama de esta escena, existen dudas sobre cómo se desarrolló exactamente. Algunos historiadores sostienen que Jruschov realmente usó el zapato; otros, que fue una exageración periodística. Lo cierto es que el líder soviético era conocido por su carácter temperamental: en las sesiones de la ONU recurría también a otros recursos teatrales, como agitar los brazos o reírse a carcajadas.

Lo que es seguro es que el incidente causó revuelo internacional. Los medios occidentales lo aprovecharon para presentar a Jruschov como un político imprevisible y agresivo. La propaganda soviética, en cambio, afirmó que se trataba de una reacción legítima ante los insultos. Probablemente la verdad nunca llegue a aclararse del todo.

Consecuencias para el protocolo diplomático

El incidente del zapato se convirtió en un símbolo de hasta dónde podía llegar el enfrentamiento entre las superpotencias. Más tarde, la ONU endureció las normas de conducta de los delegados y los presidentes de las sesiones obtuvieron más poderes para intervenir contra quienes alteraran el orden. El incidente demostró también que la Guerra Fría no se libraba solo en los campos de batalla y en los servicios secretos, sino también en las salas de las organizaciones internacionales.

Para Jruschov, el incidente tuvo un doble efecto. Por un lado, reforzó su imagen de hombre que no temía plantar cara a Occidente. Por otro, lo perjudicó a ojos de los diplomáticos moderados, que empezaron a verlo como un socio peligroso e imprevisible.

Por qué seguimos recordando este momento

El incidente del zapato resulta fascinante por varias razones. En primer lugar, es un ejemplo perfecto de cómo las emociones pueden influir en la política internacional. En segundo lugar, muestra el poder de los símbolos: un solo zapato logró más que cientos de discursos. Y en tercer lugar, recuerda que incluso en las más altas esferas de la diplomacia las pasiones pueden imponerse a la razón.

Hoy este incidente se estudia en las escuelas, se escriben libros sobre él y aparece tanto en documentales como en la ficción. Se ha convertido en parte de la memoria cultural de la Guerra Fría, al igual que la crisis de los misiles en Cuba o la construcción del Muro de Berlín.

Tanto si Jruschov se quitó realmente el zapato como si no, un hecho permanece: el 12 de octubre de 1960 es el día en que una sesión diplomática se convirtió en un ritual de combate. Y ese es un legado que perdura hasta hoy.

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