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El salto de un hombre desde la estratosfera y la superación de la velocidad del sonido

El salto de un hombre desde la estratosfera y la superación de la velocidad del sonido

14. 10. 2026

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El 14 de octubre de 2012, el deportista extremo austriaco Felix Baumgartner saltó con un traje presurizado desde 39 km sobre la Tierra y se convirtió en la primera persona en superar la velocidad del sonido en caída libre. La preparación fue exigente. ¿Cómo transcurrió todo hasta el salto final?

El 14 de octubre de 2012 quedó grabado en la historia de la conquista del espacio aéreo y del valor humano. El deportista extremo austriaco Felix Baumgartner ascendió en la cápsula de un globo hasta una altitud de casi 39 kilómetros sobre la superficie terrestre y después se lanzó al vacío de la estratosfera. Durante la caída libre se convirtió en la primera persona de la historia en superar la velocidad del sonido sin la ayuda de un motor ni de ninguna máquina. Se trataba del proyecto Red Bull Stratos, que millones de personas de todo el mundo siguieron en directo.

Una preparación que duró años

El camino hasta este salto fue largo y técnicamente muy exigente. El equipo de Baumgartner, formado por ingenieros, médicos y especialistas en supervivencia, trabajó en el proyecto durante varios años. Hubo que desarrollar un traje presurizado especial que protegiera al ser humano del frío extremo, la baja presión y la falta de oxígeno a una altitud en la que un cuerpo sin protección no sobreviviría ni unos segundos.

El ascenso duró aproximadamente dos horas y media. El globo lleno de helio se alejaba lentamente de la Tierra mientras Baumgartner permanecía encerrado en la cápsula respirando oxígeno puro. A unos 39 kilómetros de altitud llegó a un entorno en el que la presión del aire es inferior al uno por ciento de la presión a nivel del mar y las temperaturas descienden muy por debajo del punto de congelación.

Momentos clave del salto

  • Ascenso: El globo despegó de Roswell, en Nuevo México, y subió durante varias horas.
  • Preparación en altura: Baumgartner tuvo que realizar una serie de comprobaciones e igualar la presión del traje.
  • Salto: A 38 969 metros de altitud se separó de la cápsula y entró en caída libre.
  • Superación del sonido: Durante la caída alcanzó una velocidad de más de 1357 km/h, con lo que superó la velocidad del sonido.
  • Apertura del paracaídas: A unos 1,5 kilómetros sobre el suelo abrió el paracaídas y aterrizó sano y salvo.

La velocidad del sonido y la física de la caída libre

Superar la velocidad del sonido en caída libre es un momento fascinante desde el punto de vista físico. En las capas altas de la atmósfera el sonido es más lento que cerca del suelo, porque el aire es mucho menos denso. Así, Baumgartner alcanzó Mach 1,25, es decir, una velocidad superior a la del sonido en esas condiciones. Fue un momento en el que el cuerpo humano entró en un régimen reservado hasta entonces a los aviones a reacción y a los cohetes.

Durante la caída, Baumgartner entró en un giro descontrolado que podría haber puesto en peligro su vida. Gracias a su entrenamiento y a su rápida reacción logró estabilizar su posición y continuar con una caída controlada. Todo el descenso le llevó aproximadamente cuatro minutos y veinte segundos, hasta que su paracaídas apareció sobre el desierto de Nuevo México.

«Cuando estaba al borde de ese salto, sabía que volvería como un plusmarquista legendario o que no volvería en absoluto. Fue el momento más difícil de mi vida», describió más tarde Baumgartner.

La aportación científica del proyecto Red Bull Stratos

Aunque a primera vista pueda parecer un acontecimiento puramente deportivo y mediático, el proyecto tuvo también una seria dimensión científica. Los datos obtenidos durante el ascenso y la caída ayudaron a los expertos a comprender mejor cómo reacciona el cuerpo humano ante condiciones extremas: desde el efecto de la baja presión en la circulación sanguínea hasta los mecanismos de supervivencia en un entorno cercano al vacío.

Estos conocimientos se han aplicado no solo en la aviación y la astronáutica, sino también en el desarrollo de mejores trajes presurizados y sistemas de rescate para pilotos y astronautas. El proyecto unió así el mundo del deporte extremo con una investigación práctica que en el futuro puede salvar vidas.

Lo que significó el salto para el público

La retransmisión en directo del salto la siguieron en todo el mundo más de ocho millones de personas en YouTube y decenas de millones más frente al televisor. Para muchos, Baumgartner se convirtió en un símbolo de que los límites de las posibilidades humanas se amplían constantemente. Al mismo tiempo, fue un recordatorio de que detrás de cada récord hay años de preparación, trabajo en equipo y disposición a asumir riesgos.

Algunos expertos advirtieron entonces de que este tipo de saltos son extremadamente peligrosos y no deberían convertirse en algo habitual. El propio Baumgartner declaró más tarde que nunca volvería a intentar algo parecido. Aun así, su hazaña sigue siendo un hito único en la historia de la conquista de la estratosfera.

El legado de Felix Baumgartner

Con este salto, el deportista austriaco entró en la historia junto a pioneros del espacio aéreo como Joseph Kittinger, que en 1960 realizó un salto similar desde más de 31 kilómetros. El récord de Baumgartner del salto más alto no cayó hasta 2014, cuando lo batió Alan Eustace. Sin embargo, la superación de la velocidad del sonido en caída libre sigue siendo uno de los momentos más emblemáticos de la aventura moderna.

El 14 de octubre de 2012 no es, por tanto, solo la fecha de una hazaña deportiva. Es un recordatorio de que la curiosidad y el valor humanos pueden superar incluso lo que ayer parecía imposible. Felix Baumgartner se convirtió en la prueba viviente de que los límites no son fijos: a menudo solo existen en nuestra cabeza.

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